Tema: Ciclo hidrológico

Autora: Dra. C. Adania Guanche Martínez

Por: Lic. Santa C Guzmán Fleites

Estimado maestro: sabemos que en muchas ocasiones no puedes responder algunas preguntas curiosas que formulan tus escolares. Aquí te presentamos determinados conocimientos acerca del agua, desde los puntos de vista físico, químico, biológico y geográfico. Esperamos que estas “pinceladas” de contenidos te sean útiles y te actualicen sobre cuestiones que se transforman día a día.

Ciclo hidrológico

El ciclo del agua en la naturaleza es denominado también ciclo hidrológico. Este ciclo consta, según la mayoría de los especialistas, de cinco etapas: evaporación, condensación, precipitación, infiltración y escurrimiento. Estas etapas tienen que ver muy estrechamente, con los cambios de estado del agua.

Por consiguiente, el movimiento continuo de agua entre la Tierra y la atmósfera es el que se conoce como ciclo hidrológico. cicloEste ciclo se estudia generalmente comenzando por el proceso de evaporación del agua desde los mares y océanos a la atmósfera. El agua atmosférica regresa a la Tierra en forma de precipitaciones de lluvia, granizo, o nieve, y luego se escurre y se infiltra en los suelos. Como se trata de un ciclo, sus procesos ocurren constantemente, por lo que no se puede decir que se inicia o finaliza con alguna de las etapas en particular.

La evaporación del agua ocurre constantemente, e incluye también el proceso que realizan las plantas denominado transpiración, el cual consiste en la pérdida de vapor de agua a través de unos poros que existen en el envés de las hojas y que se denominan estomas, palabra que quiere decir boca.

La condensación en la atmósfera se produce cuando las finísimas gotas de agua líquida rodean a los núcleos de condensación, que son partículas sólidas, por ejemplo de polvo atmosférico, que flotan en la troposfera.

La precipitación tiene lugar después que el vapor de agua presente en la atmósfera se condensa, o sea, se vuelve a transformar en agua líquida, que luego cae a la Tierra en forma de lluvia, nieve o granizo, según sea la temperatura del lugar donde ocurre este fenómeno. Las plantas, sobre todo los árboles, captan parte de las precipitaciones que se vuelven a evaporar directamente, a veces, antes de llegar al suelo.

Se denomina lluvia a la precipitación de gotas líquidas de agua. Estas gotas tienen diámetros superiores a 0,5 mm. y pueden llegar a unos 3 mm. Las gotas grandes tienden a achatarse y a dividirse en gotas menores por la caída rápida a través del aire. La precipitación de gotas menores, llamada llovizna, suele limitar fuertemente la visibilidad, pero no produce acumulaciones significativas de agua.

La cantidad de agua que llega al suelo depende de varios factores, pero, en general, las tierras elevadas reciben más agua que las bajas; por ello, en las montañas nace la mayoría de los ríos, y estos excavan su propio cauce desde el nacimiento hasta la desembocadura.

La cantidad o volumen de agua que se precipita se expresa como la altura que alcanzaría el agua caída sobre el terreno suponiendo que no hubiera pérdidas o infiltraciones. Se suele expresar en milímetros y se mide por medio de los pluviómetros (pluvio quiere decir lluvia). Existe una equivalencia entre esta mepluviometrodida en milímetros y el volumen por superficie, de manera que 1 mm. de altura supone 1 litro por cada metro cuadrado.

La distribución de las lluvias en el planeta es muy irregular, por lo que se aprecian fuertes contrastes de unas zonas a otras. La distribución anual de lluvia en la Tierra refleja la influencia de la distribución de las tierras y de los mares y se relaciona también con la altura del terreno.

Pese a la presencia de humedad, a veces las nubes no llegan a producir precipitaciones. Esta circunstancia ha estimulado el estudio de este proceso, en concreto, cómo se forma una gota de lluvia, a partir de cerca de un millón de gotitas diminutas en el interior de las nubes.

La tala de árboles y su sustitución por cultivos, o sea, la denominada deforestación, aumenta la velocidad y la cantidad de agua de lluvia que llega al terreno, con la consiguiente erosión puntual de los suelos y el riesgo de inundaciones. Sin embargo esta lluvia favorece el crecimiento de las plantas, lo cual constituye una contradicción. Por un lado, es beneficiosa y por otra parte, perjudicial.

Al llegar a la superficie terrestre, el agua sigue dos trayectorias. En cantidades determinadas, por la intensidad de la lluvia, así como por la porosidad, permeabilidad, grosor y humedad previa del suelo, una parte del agua se vierte directamente en los riachuelos y arroyos, de donde pasa a los océanos y a las masas de agua continentales; el resto se infiltra en el suelo.

Las precipitaciones que se infiltran en los suelos llegan hasta la capa denominada freática, donde se convierten en agua subterránea; o bien el agua fluye lentamente, laderas abajo, y forma surcos en los suelos, que a veces se transforman en cárcavas, o sea, surcos pronunciados.

En condiciones normales, el nivel freático crece de forma intermitente según se va rellenando o recargando, y luego declina, como consecuencia del drenaje continuo en desagües naturales, como son los manantiales.

Estos dos procesos, el escurrimiento y la infiltración completan el ciclo del agua en la naturaleza.

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